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En estos tiempos de conciencia medioambiental, el auge de nuevos sistemas de reciclaje ha llegado incluso al mundo de la moda. Muchos diseñadores y grandes marcas se han unido a la causa y crean colecciones producidas con plásticos, tejidos o diferentes materiales provenientes de desechos humanos. Pero, ¿cuánto hay de conciencia real y cuánto de impacto social en estas acciones? Según estadísticas, en Europa se desechan casi seis millones de toneladas de ropa al año....
The Eco Post The Eco Post2 años ago5267 min
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En estos tiempos de conciencia medioambiental, el auge de nuevos sistemas de reciclaje ha llegado incluso al mundo de la moda. Muchos diseñadores y grandes marcas se han unido a la causa y crean colecciones producidas con plásticos, tejidos o diferentes materiales provenientes de desechos humanos. Pero, ¿cuánto hay de conciencia real y cuánto de impacto social en estas acciones?

Según estadísticas, en Europa se desechan casi seis millones de toneladas de ropa al año.

Empieza a ser común en muchos establecimientos el punto de recogida textil. Contenedores estratégicamente ubicados que nos invitan a depositar nuestras viejas prendas, por las que se nos ofrece un vale de descuento o regalo canjeable en la misma tienda. Esto es, además de un atractivo para el potencial cliente preocupado por el medio, un gancho de venta ya que éste presumiblemente volverá para adquirir un nuevo artículo con rebaja.

¿Qué ocurre con todas las prendas a las que se les supone una segunda vida?

Los procesos de reciclaje

Las empresas encargadas de este reciclaje hacen inicialmente una selección de prendas, separando las que sí tienen posibilidad de más usos, de aquellas cuyos tejidos serán directamente procesados. El primer grupo, mayoritario en porcentaje, terminará en el circuito de mercados de segunda mano, lo que se traduce en menos gastos y menos contaminación por fabricación de nuevas prendas. Pero, ¿cuál es el beneficio real de este nuevo negocio?, ¿a qué países se exporta la ropa?, ¿qué empresas son las encargadas de su venta? Los emporios del reciclaje no dan respuesta a estas preguntas, y se limitan a vender las bondades de la no-contaminación por la inexistente necesidad de producir nuevos artículos.

El primer grupo terminará en el circuito de mercados de segunda mano

Las que sí sabemos dónde terminan son aquellas destinadas a desintegrarse y reconvertirse en otro textil, aproximadamente el 15% del total. Los tejidos que sí pueden comercializarse se transforman en nuevas prendas, y aquellos que no, terminan como aislantes de casas y coches principalmente. El polvo de tejidos generado se prensa en bloques y se destina a la industria del papel.

El textil post-consumo se destinará a la fabricación de aislantes

Muchas marcas comerciales han creado colecciones cápsula que giran en torno al reciclado de tejidos, como H&M, la más representativa, con una línea de vaqueros provenientes de otros reciclados; o Mango, que en el desarrollo de su programa ecológico Take Action, se ha propuesto que el 50% del algodón de sus colecciones sea de origen sostenible para 2022.

Los valores del ecologismo

Independientemente de estas grandes marcas que se reinventan, surgen otras que nacen directamente con el objetivo de sostenibilidad o reciclaje de residuos como filosofía. Estas marcas ofrecen, además de moda, soluciones al problema del exceso de desechos y contaminación.

Ecoalf es ejemplo de ello. Creada en 2009 por Javier Goyeneche, nace por la frustración ante el excesivo uso de recursos naturales y la cantidad de residuos que se producen. “El objetivo era fabricar la primera generación de productos de moda realizados con materiales reciclados de la misma calidad, diseño y propiedades técnicas que los mejores productos no reciclados”, afirma su fundador. Esta es la única empresa española con el sello B Corp ™, un reconocimiento a aquellas empresas cuya misión abarca también el cuidado o protección del medio ambiente mundial.

Aprovechar el tirón medioambiental

Sin declarada intención de introducir cambios sus producciones, también ha habido empresas que han aprovechado el boom ecológico para lanzar productos asociados al compromiso medioambiental. Muy populares fueron las zapatillas que Adidas comercializó, fabricadas a base de desechos encontrados en el fondo marino, que llevan más de un millón de pares vendidos. La marca, sin embargo, no ha declarado una verdadera intencionalidad en comenzar a introducir este tipo de materiales en el resto de producciones, y mucho menos que sus procesos de fabricación vayan en la línea de hacerse más sostenibles.

Por todo esto, nos vuelve a asaltar la duda: ¿se hace moda ecológica por moda o porque existe una verdadera conciencia de cambio?

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